In Prensa

¿Cómo empezaron con Paréntesis?

Por un lado mi socio, Juan Ortiz –compartimos que los dos somos músicos–, se dedicó específicamente a la mú­sica africana durante años y daba talleres. A medida que fue viendo lo que le sucedía a la gente con los talleres de percusión se empezó a preguntar si el alcance podía ser mayor. Simultáneamente yo, también música y percusio­nista, estudié psicopedagogía y me especialicé en arte­terapia, y estaba realizando experiencias más dentro de lo terapéutico. Tenía un camino recorrido en relación con lo musical en contextos terapéuticos. A él se le ocurrió la idea de que podíamos llevarlo a empresas fusionando un poco nuestras dos trayectorias y experiencias y combi­nando esos puntos de vista. Una de las cosas que nos motivó también es que el en­samble de percusión como analogía y dinámica de equi­po presenta muchas resonancias. Por ejemplo, en el caso de las señas tenés que estar atento al subgrupo de ins­trumentos al que pertenecés; a su vez, con ese subgrupo de instrumentos tenés que sonar unísono para que en­samble en la melodía con los demás; además, tenés que estar atento al director, que te va a indicar señas que se van a ejecutar luego con los instrumentos. Entonces hay algo de lo que se produce en el ensamble como equipo, análogo a lo grupal, que es muy rico y que a nosotros mismos nos produce cosas en relación con lo que es for-mar parte de un todo, donde todas las partes son impor­tantes y se van hilando. Lo que produce o lo que uno se lleva de eso lo puede llevar a cualquier equipo.

¿Cuáles son las problemáticas que las empresas intentan abarcar con este tipo de actividades?

Creo que lo que más piden es la integración y mejorar el trabajo en equipo. Puntualmente, en algunos casos es la competencia interna que termina actuando en de­trimento del objetivo compartido; a veces son los cam­bios continuos que requieren flexibilidad y adaptación al cambio constante, y para que eso se logre se necesita comunicación. De alguna manera en el ensamble pre­tenden explicitar o poder mostrar cómo ni compitiendo ni siendo impacientes sino siempre en equipo –si com­prendemos que estamos conectados–, esos lazos musical y laboralmente se tejen de la mejor manera posible y los resultados son mejores. En algunas oportunidades son capacitaciones de liderazgo, entonces con algunos re­cursos muy simples los hacemos dirigir a ellos durante la actividad y aparecen otras vetas. Cada líder es diferente, y va a imprimir en el grupo algo distinto. Y en el ensam­ble se ve. Hay ensambles que son muy rígidos, prolijos y eficientes y responden a todo inmediatamente, pero quizá les falta ritmo o alegría, naturalidad, divertirse un poco. Hay otros que son atrevidos, no paran de hablar, pero se pierden las consignas o no bajan los decibeles para que se genere algo más cálido donde de verdad se pueda escuchar al otro.

¿Qué creés que estas terapias alternativas pueden aportar a las problemáticas convencionales?

Por un lado creo en el arte como fin en sí mismo. Hagas lo que hagas es un momento de conexión con algo que está más allá de lo que uno es consciente en determinado mo­mento, más allá de los otros. De mi experiencia como psico­pedagoga y en el arte terapéutico me parece que con mu­chas disciplinas uno puede poner en acción algo que está dificultado y facilitarlo. ¿Por qué la percusión y los cantos son lo que termino agarrando con más fuerza? Por la magia que tiene. Tocar un tambor, un parche, así como son de pri­mitivos permiten una presencia única; es algo que directa­mente te lleva al momento. Así como otras disciplinas como la meditación y el yoga tienen sus riquezas, ésta también lo tiene, porque hay algo que queda flotante cuando uno está haciendo un patrón rítmico que es sencillo y se enlaza con otros y se construye la melodía. Hay algo que se integra con los demás, que me conecta conmigo mismo y con el otro. Tiene una fuerza única y mi visión es que, si uno se propor­ciona de esos momentos, es sanador. La percusión conecta con los demás. Te vas modificado.

“Una de las cosas que nos motivó también es que el ensamble de percusión como analogía y dinámica de equipo presenta muchas resonancias”.